viernes, 25 de mayo de 2012

El autor firmando a sus alumnos

Tal vez el lugar ideal para presentar un libro como El juego infinito sea una clase y el público que más agradece el autor sean sus propios alumnos, como vemos en las siguientes imágenes.






Sobre el juego infinito

Varios han sido los adolescentes que han enviado sus comentarios, y por escrito, al escritor. De todos ellos entresacamos éste de Eva Ibáñez, del IES Julio Caro Baroja, Algorta, lectora infatigable, escritora y artista que poco a poco se está haciendo a sí misma.

jueves, 24 de mayo de 2012

El juego infinito en el IES Barandiarán de Leioa

El juego infinito ha comenzado a ser leído en colegios e institutos. En este caso, el IES Barandiarán de Leioa es el segundo centro público donde alumnos de cuarto de la ESO leen esta novela juvenil  apenas publicada y que tanto gusta al público adulto, especialmente padres. Como muchos saben, la historia se sitúa en un instituto de la ciudad costera de Algorta.
Posteriormente el autor tuvo una charla-coloquio con los alumnos que le expresaron sus inquietudes sobre el libro haciéndole preguntas que sólo los adolescentes son capaces de preguntar.


 Tal como acostumbra el autor, haciendo honor al título del libro, divertidamente jugó con alumnos y profesoras sobre el concepto de "juego" en cada momento de la vida, allí, in situ.



Posteriormente, algunas alumnas, bajo pseudónimos literarios como Déborah, le enviarían sus críticas e impresiones.
Una mañana... my divertida y diferente.

martes, 24 de abril de 2012

El juego infinito en Alemania.

Karl Rudolph Reindeer -sí, sí, como uno de los renos de Papá Noel-  recibe El juego infinito en Alexanderplatz, en Berlín (Alemania) con la inmensa alegría de recibir un gran regalo de un gran amigo.
Allí, participando del Proyecto Comenius "National and European Landmarks" entre alemanes, húngaros y españoles, entre sesión y sesión, autor y representante alemán hacen sitio a la imaginación escrita.
El juego infinito salta el "muro" de Berlín.
Los libros, como los hombres, también hacen turismo. Y los hombres, como los libros, a veces tienen que huir de la quema saltando muros. Tal vez estos graffittis nos recuerden que tanto en la escritura como en la vida real en nuestro pequeño planeta aún quedan muchos muros que saltar para sobrevivir.