miércoles, 1 de julio de 2009

Guillermo Martínez busca la excelencia



Guillermo Martínez busca la excelencia.

Pero, ¿quién es Guillermo Martínez y qué excelencia busca?

Guillermo Martínez es un muchacho joven, trabajador y honesto consigo mismo, que tiene un Amor secreto. Un Amor secreto que cada día es menos secreto pero que cada hora que pasa es más amor.

Es un amante de los karts y, por extensión, de las emociones fuertes de la vida. Aparentemente, nada que ver con un blog literario como este.

Cuando descubrimos a un joven con una ilusión clara, promesa de sí mismo, sin darnos cuenta y sin querer nos volvemos cómplices de su aventura, pues también hemos sido jóvenes con proyectos y sueños.

Tenía tres años cuando en su moto de plástico sin cadena se lanzaba por las cuestas delbarrio como la cosa más natural del mundo para sentir la velocidad. A los trece probó su primer kart de karting y ese mismo año incluso ganó un kart en una tómbola. A los 14 declaró su vocación.A los 15 en su casa le seguían diciendo:

- Sí,chaval,sí. ¿Que cuánto has dicho que vale?

Y a los 16 no sirvieron ni los bolsillos vacíos ni la nómina mortal de su padre para llevar a cabo su objetivo:

Buscar la excelencia de sí mismo a través de los karts.

Y el caso es que Guillermo Martínez tiene cualidades. Es más,tiene algo más que cualidades. En una condiciones totalmente adversas y limitadas en su primera experiencia quedó en el puesto 13 de 35 en el Campeonato de Castilla-León. Con sólo 6carreras en su vida y en las mismas condiciones, también quedó el 13 en la Final de España en su categoría K-125.

Sólo un detalle más: el pasado domingo, 28/07/09, quedó el segundo en el Karting de Tubilla del Lago (Burgos - Campeonato de Castilla-león) lo que le hace quedar situado el Tercero de esta misma Competición delpresente año.



Aparentemente lo tiene todo. Es un valor seguro y una promesa indiscutible. Pero, como toda guapa, tiene un defecto: Le faltan los Euros suficientes para competir en igualdad de condiciones que los demás.

Guillermo Martínez y su padre,manager y sponsor, el abajo firmante, contra viento y marea buscan patrocinadores. Y, a pesar de la coyuntura presente, ya hay quien ha empezado a valorarle:

Bide Ona,la estación de servicio de Leioa (Bizkaia)ha sido el primero en apostar por él, como también lo han hecho Talleres Marel (Berango), Joyería Iñaki (Algorta), Je-Lu, la panadería más sabrosa de Noja (Cantabria), El Cau del Unicorn y algunos amigos que le conocen y apuestan por él.

Pero para dar el salto definitivo en la Final de España de este año necesita de algun empresario que crea en su propio dinero y en los sueños de un joven prometedor, diamante en bruto del motor.

Para leer más sobre Guillermo Martínez, pinchar aquí.

viernes, 13 de marzo de 2009

Txomin

Txomin

-Cuéntame un cuento –me animó ella-. Que sea breve.
-No sé –dije tras unos breves segundos de búsqueda e inspiración-. Txomin. Txomin es un ser extraordinario. Un pastor. Uno de esos pastores que apenas quedan entre nosotros.
-No te creas. Existen, aunque no los veamos a nuestro alrededor.
-Txomin es único. Tendrá sesenta y muchos años. Siempre está con los ojos abiertos mirándolo todo. La txapela en la cabeza. No le pesa. Le acompaña en silencio. Siempre va con los pantalones más o menos sucios, atados por una cuerda deshilachada que renueva cada cierto tiempo, bien porque la pierde bien porque de puro vieja se le va rompiendo poco a poco y al final ya no da la longitud de su cintura, redonda y oronda.
Txomin tiene la mirada abierta. Apenas habla. No lo necesita. Tiene un prado, un pasado y un montón de ovejas.
-¿Cuántas, Txomin? –le pregunto.
-Un montón –responde escuetamente.
-¿Y si se te pierde alguna o te la roban? –pregunto enfatizando el “y”.
-Las conozco a todas –contesta quitando importancia a la pregunta.
Conoce a todas sus ovejas, a todos los árboles del río, de las lindes del camino y su alrededor; conoce todos los postes de su prado y de los huertos; conoce todas las cosechas y al que hurta a cielo abierto.
Txomin, media jornada del día la anda y media la siente.
Impresiona verle cuando se sienta ligeramente inclinado hacia delante, dejando en el suelo el cayado. Gusta sentarse en un tronco de árbol desbastado debajo de otro árbol, o a la sombra de su caseta, fea y vieja como él, según nuestros cánones de moda. Él, no se acomoda. Se sienta y mira. Mira. Mira con los ojos bien abiertos, con la mirada despierta. Observa todo. Observa las ovejas sesteando a la sombra a lo lejos, el paso del sol, el paso del tiempo, el cambio de los tonos del prado y del movimiento del valle, de la montaña, del cielo. Ve. Mira. Observa cómo todo amanece revitalizado, cómo el perro ejercita su adiestramiento diario, cómo un ave se posa o cruza el prado, o se clava en una estaca de las que separan dos campos. Observa a las moscas y a los abejorros. Y en el entreacto saca su tableta de chocolate. No las compra. Alguien se las regala. Alguien que le quiere y le mima. Alguien que no le pide nada a cambio. Alguien a quien él gusta de saludar. Le gusta. Y mucho.
Observa si el aire se mueve, cómo la hierba se hincha y se deshincha o juega a olas marinas verdes, olas marinas verdes, olas marinas verdes donde su mente se pierde...
Así, una hora tras otra, una mañana y una tarde, un día y otro día, un mes y otro año. Así sesenta y tantos años de años. ¡Qué no habrán visto sus ojos! ¡Qué no habrán oído sus oídos! ¡Qué no habrán sentido su corazón y sus manos!
-Del derecho estoy medio sordo –apenas se le entiende.
Para él no hay secreto del campo, del río, de las plantas, de los árboles del río y de la montaña que no conozca
-¡El milano! –dice mirando y señalando el cielo con el dedo.
Y no dice más. Y se queda mirando. Y quien le acompaña intenta ver con su mirada otro tanto. ¡Imposible! ¡Sesenta y tantos años observando al milano! Siguiéndole, vigilándole, escuchándole, saludándole. Sesenta y tantos años luchando contra el sol por no perderse ni una sola pirueta, ni un solo vuelo cuando planea las nubes o el cielo.
Lo que él no haya apreciado no lo ha apreciado nadie. Nosotros podemos apreciar la gracia de su vuelo, la fuerza de sus alas, la altura, el movimiento cinético, la velocidad, la prestancia, la belleza que le rodea.
Txomin no. Txomin no pierde el tiempo en la cienciología del milano o en la lingüística del milano. Txomin lo mira y todo su cuerpo se revuelve y se apasiona. Se funde en él. Asciende. Se coloca a su lado. Y desde allí, libre e independiente, sin necesidad de especular, cientificar o pontificar, vuela, revuela, mira el monte, el valle, la naturaleza desde una perspectiva mucho más alta, sin palabras. Pura vivencia, puro vuelo, pura fantasía de la vida misma. No necesita sentirse humano ni la existencia de la palabra para dominar el vuelo y el espacio, la libertad de ser uno mismo en el lugar que se le concedió. Allí no oye los ruidos de aquí. Allí otea, vuela, decide, sin tener que pensar, sin obligarse al ruido mental y social.
Sesenta y tantos años siendo caballo, oveja, hierba, árbol, pájaro, milano. Sesenta y tantos años pasando el río sin preocuparse por mojarse o no los zapatos, mascando una hierba, balbuciendo como un pájaro.
-¿La puta oveja? Que se joda y que se arregle sola la pata, que yo también me las apaño.
Pero nunca pierde la mirada.
-Txomin, ¿qué es lo que más te gusta de la vida? –he preguntado.
Después de dos o tres segundo de silencio interior, sin encogerse de hombros, como en un flash, abre breve y en demasía los ojos, apuntando el mentón hacia delante, señalando cuanto abarca su mirada.
Ni una palabra. Sesenta y tantos años simplificando la vida y la existencia en una mirada. Todo, en una mirada.

lunes, 23 de febrero de 2009

Dime que me amas (Cuento)

¡DIME QUE ME AMAS!


Estaba observando una bonita caja de música donde dos bailarines podrían hacer las delicias de cualquier afortunado. Es más: me estaba imaginando a mi mismo bailando con una hermosa mujer de hermoso talle y gracia de gaviota en un baile de disfraces en el momento en que desvelaba su rostro quitándose la máscara. La música, barroca, quedó detenida. Yo cerré los ojos para mejor recibir el impacto.

Alguien me los cubrió con sus manos, suaves, olorosas, femeninas. Aspiré la agradable sensación de ser juguete y querido por alguien. Intenté adivinar su procedencia:

Por la altura podía ser Julia; por los dedos podría ser Puri; por el olor podría ser Andrea; por el roce de su cabello, Mercedes; por la forma de respirar, Marian; por la forma de apretar María; por la forma de ralentizar la espera, Laura; por la forma de hacerse sentir, Saribia...

Susurrándome al oído y moviendo los dedos como si mis ojos fueran un arpa, exclamó:

- ¡Dime que me amas!

- ¡Te amo! –contesté a ciegas enajenado por su voz, por su olor, por su pelo rizado rozándome, por sus manos, por su frase, por su emoción...

- ¡Dime que me quieres!

- ¡Te quiero!

Y no moví un dedo por no perderme ni una de las sensaciones que me administraba, por no huir de ella.

¿Sería Sara, tan alegre, cariñosa y bulliciosa como siempre? ¡Habían pasado tantos años...! Pero, sí; aquellos eran sus dedos y su piel, sus formas y sus juegos...

¿O sería Lola? ¡Tan cantarina y amante de sorpresas, presentadora de la vida allí donde estuviera!

Pero... aquel olor... aquel olor... aquel perfume... ¡Noelia!

- ¡Dime que me besarás como sabías hacerlo!

- ¡Te besaré como sé hacerlo!

¡Ah! Tenía que ser Carmen, dulce y coqueta, atrevida y despierta en amores, delicada y huidiza, ninfa y nube...

¡Oh, error! Tenía que ser Vanessa, sólo podía ser Vanessa, corazón gigante, manos de agua, voz de golondrina y poema por palabra... ¡Vanessa, mi querida amiga Vanessa!

Mi juguetona amiga retiró sus manos. A través del cristal del escaparate de la tienda - había apretado mis ojos con cierta fuerza- no pude adivinar quién era. Miré la caja de música y esperando una sonrisa infinita, principio de la risa y del grito del Amor, giré sobre mí mismo con mi mejor sonrisa, preparando mi mejor voz, mi más seductor talante y mi más galante proceder, y vi a la más hermosa, etérea, delicada y enamorada... mujer desconocida.

- ¡Perdón! – me dijo con gracia, sonriéndome, sin cambiar el brillo de sus ojos.

Yo la besé como sabía.

- ¡Totalmente perdonada!
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viernes, 20 de febrero de 2009

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